Una afirmación sin garantías

En nuestra sociedad es muy conocida la frase “El hombre propone y la mujer dispone” Ciertamente tiene su grado de verdad tanto en su forma original como si cambiamos el género en la oración: “La mujer propone y el hombre dispone”

Afortunadamente nuestro espacio se va liberando gradualmente de los tabúes. Las diferencias se van difuminando y tanto hombres como mujeres empezamos a asumir nuevos roles, nuevas responsabilidades (específicamente las que considerábamos que eran propios de un género en particular)

Cuando decidí aceptar la propuesta de ser la enamorada de Alexander no me sentía segura, no tenía garantías deImagen que aquello funcionaría, aun así me arriesgué y ahora solo faltan 20 días para que celebremos 29 meses de relación. Él y yo hemos aprendido mucho, hemos cambiado, hemos madurado. He sido testigo de su crecimiento profesional y personal.

Me llena de alegría saber que aquel sí arriesgado ha funcionado. Que no fue necesario seguir el manual tradicional impuesto por mi madre que debía conocer a profundidad a una persona antes de aceptarlo en mi vida.

¿Roles? No tenemos roles fijados, él cocina, yo pago el cine, él lee revistas, yo manejo  en los viajes. En nuestra vida de enamorados hemos aprendido que cada uno puede ejercer actividades
distintas y aun así lograr que funcione.

Fueron pocas semanas las que mantuvimos amistad y tanto él como yo, en una parte de nuestro corazón, nos sentíamos preparados, curiosos, ansiosos por tomarnos de la mano y seguir un mismo camino, construir nuestro destino. Alexander ha complementado mi vida, claro, muchos dirán que uno nace completo, que no necesita de nadie, pero yo hablo por mí. Y en mi caso particular afirmo y defiendo mi postura, sí necesitaba de alguien, necesitaba de él.

Alexander llegó a mi vida curiosamente y nuestra relación ha solidificado varios aspectos de nuestras vidas en particular, tanto en la familiar como en la social, espiritual  o estudiantil. Ahí, él ha estado ahí en cada escalón que he subido, he sentido su mano y su apoyo incondicional.

Yo no sé cuánto dure, no sé si el noviazgo se concrete en matrimonio, no sé… Si me lo preguntan, afirmo instantáneamente, ¡SÍ QUIERO! Quiero seguir junto a él, porque considero que cada persona debe estar en el lugar o junto a quien sienta paz y ahora eso es lo que yo siento: paz.

En resumen, una afirmación sin garantías funcionó. No hubo necesidad de indagaciones previas, ni análisis exhaustivos, simplemente se ha dado. Y si algún momento termina, de buenas o malas, me quedaré con la satisfacción y el orgullo de haber arriesgado y haber aprendido sin miedos.

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