Nuevos caminos

Napoleón Bonaparte dijo que el triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse.¡Cuanta razón y verdad carga esta frase!

Independientemente de la situación que nos toque enfrentar jamás debemos perder el ánimo, la esperanza y el deseo de la llegada de días mejores.

En mi caso particular y en relación a lo que he tenido que enfrentarme durante estos últimos años en el trabajo, no ha sido nada fácil. En cada jornada, en cada informe, en cada reunión, en cada llamado de atención y hasta en cada fiesta de navidad mantuve la esperanza de que termine la mala relación que llevaba yo con quien tenía dependencia directa.
No fueron días ni semanas, fueron años los que me tuve que calar el mal genio y las situaciones hostiles  de esa persona, de quien por fin, gracias a Dios, debe despedirse de la institución y del departamento que nos unió. Yo no me alegro de la pérdida de su puesto de trabajo, a mí tampoco me gustaría salir, sin embargo, por fin se marcha, se va, se despide.

Lo soñé tantas veces, rogué a Dios innumerables noches y ahora que por fin se realiza mi sueño, no lo creo.

Me es difícil creer y afirmar que todo será diferente de ahora en adelante.

Mi madre solía repetirme constantemente “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista” mi esperanza próxima era la muerte, ya que afirmaba que no resistiría más… Y aquí ahora estoy, con una sonrisa más grande que la de un niño en vísperas de Navidad.

Solo Dios sabe cuánto lo pedí.

Felicidad total!

Una vez más, mi madre tenía razón!

tormenta

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